Historias de Aguascalientes
I.
Mi esposa, cansada del trabajo, de las tareas del hogar -trabaja mucho- y yo, fastidiados de la casa, nos fuimos a caminar, con mi hija Larissa, al centro de la ciudad de Aguascalientes.
-¿Dónde te vas a estacionar?- le dije a Larys, que es así como le decíamos con cariño a Larissa.
-En el estacionamiento de las antorchas- me respondió
Así se llama un estacionamiento público que está junto a un restaurant que se llama “Las Antorchas”. Caminamos despreocupadamente viendo los escaparates y observando a la gente que iba y venía haciendo compras sin mezquindades, más bien eso parecía. Dios sabe lo que han tenido que hacer para tener una cena digna y comprar unos pocos regalos. No importa que sean de tres pesos, como anunciaba un negocio de enfrente de la calle Madero -¡Todo a tres pesos!-, el detalle es lo que importa. Absortos y sorprendidos por el anuncio nos preguntábamos -¿Qué cuesta tres pesos?- de la perplejidad pasamos súbitamente al dolor de estómago. Nos dimos cuenta que no habíamos comido y ya era tarde.
-¿Adónde vamos a comer?- preguntó mi esposa Consuelo.
Como ya habíamos gastado mucho en regalos, algunos días atrás, acordamos en ir a comer unos tacos de “lechón” en “Pascualito”. Donde elaboran una salsa verde con aguacate digna de top chef. Ahí la pasamos de maravilla discutiendo cuanto debíamos de la universidad de Larys y platicando del profesor de sicología que tuvo. Sin duda, había dejado huella en mi hija. Debo de decir que mi hija Larys lee mucho, de poesía, de literatura y por supuesto de medicina, qué es lo qué está estudiando. Mi Tania y Diana leen mucho también. El favorito de mi hija Tania es Yukio Mishima, Haruki Murakami y Mario Benedetti. De mi hija Diana los favoritos son Pessoa, Alí Chumacero, Milán Kundera y mucho otros más. Estoy contento con ellas, porqué se salen del estereotipo de muchas jóvenes de hoy, qué no leen ni el periódico.
Yo soy maestro universitario y la mayoría de los alumnos y alumnas que he tenido, no saben ni quién es Pablo Neruda, ni Edgar Allan Poe, ni Cortázar, rayan en la ignorancia más sublime. Tengo que decir, que un porcentaje significativo de los docentes, también no leen frecuentemente literatura y poesía de los grandes escritores. Posiblemente tengan otros intereses. Pero cómo dijo una vez algún escritor, que no recuerdo su nombre, la música y la poesía hacen la diferencia entre el hombre y los animales.
Pintura de Ramón Torres y el autor de éstos textos
Pintura de Adriana Lobo
Un rato después íbamos rumbo a la librería que está en la esquina, junto a la Biblioteca Jaime Torres Bodet. Allí me detuve frente a los aparadores y vi media centena de libros de superación personal. Esos son los libros que más se venden: el libro de oro de la superación personal, las 6 emes del éxito, libérese de sus miedos, etc. ¿Y la literatura seria?
Ni aún así entran a las librerías. Éramos, como en el museo anterior que visitamos, tres personas: mi esposa, mi hija y yo. Después entró otra pareja y otra joven sola. Las aglomeraciones estaban, claro está, afuera. Eran cientos y cientos de gente que no miraban, ni de soslayo, la librería, cómo sí la cultura apestara o como sí traspasar las puertas de la librería, fuera una casa del terror o un hospital siquiátrico.
Es cierto, que muchos libros de los escritores trascendentales, han alcanzado el clímax de la locura como Nietzsche, como Artaud y como tantos otros.
Mi esposa escogió Emma de Jane Austen, la autora de Orgullo y Prejuicio, y Larys El Príncipe de Nicolás Maquiavelo y yo me llevé El Erotismo de Georges Bataille. Nos regalamos un libro, eso lo más importante de la tarde. Un rato de cultura, de caminar al aire libre, no importaba el gentío, aún así, se puede andar por las calles de Aguascalientes.


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