lunes, 26 de diciembre de 2011

Historias de Costa Rica. Segunda parte


Tibás y el Doctor

II.

He decidido mudarme a Tibás,  al apartamento de un amigo reciente, con el que coincido en la práctica del Karate Do. Ahora vivo a un kilómetro al oeste del parque central y 250 m. al norte, así son las direcciones aquí; así han funcionado desde que se tiene uso de razón, “del antiguo higuerón 50 m. al este”, “de la pulpería 100 m. al sur”; de la Iglesia de Purral un kilómetro al este”; no hay nombres de calles ni numeración en las viviendas; la dimensión de las distancias la han desarrollado sorprendentemente.

-¿Quién ha medido esto de que la oficina está a 450 m. al oeste de la Rotonda de la Bandera?- Pregunté, -No nadie,- respondió solicito Douglas, -pero son 450 m.- afirmó con toda la seguridad que otorga el haber nacido aquí y ser geógrafo de profesión.

Tibás me da la oportunidad de caminar el fin de semana y encontrar  un poco de tranquilidad. En el parque central, los árboles frondosos se alinean como un noble ejército orgulloso de sus raíces; los higuerones presumen sus fuertes ramas en donde anidan decenas de pájaros que revolotean sin cesar. Es la armonía distrital, dentro de la Gran Área Metropolitana,  interrumpida sólo por los automovilistas que utilizan las bocinas sin reparo.

Tibás
El Dr. Fallas ha decidido acompañarme a tomar unas birras y algunas bocas. Vamos a “El Ranchito” –ahí sirven muy buenas bocas sensei- afirma quién después confesaría que es un cliente asiduo. Filosofía, sociología, política, todos los temas cotidianos se habían puesto sobre la mesa hasta que, el ritmo y la letra de una canción de Gilberto Santa Rosa y Vico C. nos recordaron la indispensable urgencia del perdón y la piedad: “Se que te hice mil heridas, casi imposibles de sanar, y nadie gana la partida pues tu allí  y yo acá…no me mates más con este rencor…te doy hasta la luna con su esplendor…te doy hasta mi sangre por tu piedad…para que tu corazón mire lo grande que es perdonar…” ¿algo más?, con tres cervezas encima y yo tan lejos de la mujer que me ama y a la que precisamente le he causado mil heridas –¿el zarpe?- pregunta Moisés, -¿Qué es el zarpe?- replico. –El zarpe quiere decir la última y nos vamos- afirma no muy convencido. Las del estribo, al final, fueron cuatro “imperiales” más.

La mañana, para no variar, inicia aferrada a no dejar pasar un hilito de sol. Frente a la parada del bus, ensimismado, acudo al recuerdo familiar, mi viejo artilugio  para pisar la tierra con solidez, para aplomarme en el mundo, cuando me ausento sin proponérmelo.  

–Pasa a las 08:04- me comenta una vecina al verme impaciente por la tardanza del transporte que nos llevará a San José. Y así fue, exacto, oportuno, fiel a quienes constantemente lo esperan con el paraguas bajo el brazo.

Mientras, en el bus, Mario Benedetti me había enganchado Escuchando a Mozart y me había trasladado por un momento al Montevideo desgarrado por la represión.

El embotellamiento (la presa), provocó que el bus se detuviera unos minutos  enfrente de un  santuario evangélico. A un lado del portón de la iglesia cristiana, en una pequeña piedra asentada en el césped, alguien escribió con prisas: “Dios es bueno en todo momento y aún más”. Cerré el libro “Con o sin nostalgia” del autor uruguayo, respiré profundamente y me arrellané con placidez en  mi asiento hasta llegar a la terminal.

1 comentario:

  1. LA DESCRIPCION DE LO BANAL , LOCOTIDIANO,DE LOS ABSURDOS CONFRONTADOS Y EN UNION CON LAS EMOCIONES PROFUNDAS,SENTIMIENTOS MARGINADOS Y PENSAMIENTOS ARRAIGADOS EN TUS MULTIPLES EXPERIENCIAS,VIVENCIAS Y LECTURAS SON DESCRITAS DE FORMA SENCILLA Y SIMULTANEAMENTE MAGISTRAL. HERMANO GRACIAS POR ENRIQUECER MI ALMA Y QUE EL DESTINO TE OTORGUE MAS VIDAS POR QUE ASI LO MERECES.
    M. JOEL MARTINES ARCE

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